En estas fechas casi navideñas, más dando por sentado que en grandes almacenes ya ha llegado la Navidad desde hace tiempo, veo que también los reyes se han anticipado para algunos y en espera a que me toque algún décimo, siento como me quitan unas justas décimas.
Puede parecer, sobre todo a los menos aplicados, que unas décimas no cambian nada. Es cierto, pero dependerá del tipo de carrera que estés corriendo.
Si analizamos los resultados de las últimas olimpiadas, podremos suponer lo que habría pasado si le quitamos 0,20 décimas a algunos de esos resultados que consiguieron medalla de oro.
¿Que pasaría? Simple, algunos ni siquiera estarían clasificados para la gran final.
Imaginemos por un momento una carrera de relevos. Tres corredores pasándose el token, uno tras otro hasta llegar a la meta, disfrutando juntos su medalla de oro conseguida. ¿Alguien se puede imaginar que sólo dos suban a lo más alto del podium y que el tercero se quede en una segunda posición? resultaría cómico partir un equipo, más si cabe, si ese tercero hubiese hecho el mejor tiempo.
Por suerte, esta no es una carrera rápida, sino una de fondo. Y es que lo importante no es quien gane, ni quien esté con un pie delante en esa "photo finish". No, lo importante son las sensaciones que quedan y es que sobre todo la sensación que guardo, a parte de injusta, es la de vivir una carrera que no se ha terminado.
Así que viendo el recorte de décimas, dejaré de construir castillos de naipes y me dedicaré a continuar conquistando sólidos palacios con esfuerzo.
Tal vez sea todo esto sea una señal. Trataré de pensar en lo que viene: Los décimos.
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